jueves, 14 de junio de 2012

Prever lo diferente para evitar la sorpresa.


Antes de otra cosa, quiero que penséis lo siguiente.
Puede que no tengáis la posibilidad de elegir entre texto literario y texto periodístico.
Puede que haya dos textos literarios.
Puede que uno de ellos pertenezca a una obra que no conocéis, a un autor que no conocéis.
¿Podría ser, por ejemplo, el premio Cervantes 2011, Nicanor Parra?
Un poema suyo:

      Último Brindis


Lo queramos o no
sólo tenemos tres alternativas:
el ayer, el presente y el mañana.

Y ni siquiera tres
porque como dice el filósofo
el ayer es ayer
nos pertenece sólo en el recuerdo:
a la rosa que ya se deshojó
no se le puede sacar otro pétalo.

Las cartas por jugar
son solamente dos:
el presente y el día de mañana.

Y ni siquiera dos
porque es un hecho bien establecido
que el presente no existe
sino en la medida en que se hace pasado
y ya pasó...
como la juventud.

En resumidas cuentas
sólo nos va quedando el mañana:
yo levanto mi copa
por ese día que no llega nunca
pero que es lo único
de lo que realmente disponemos.



Puede que haya algo más de suerte y el nombre del poeta nos suene: Gamoneda, José Hierro, Jaime Gil de Biedma, Ángel González. Más moderno, un poeta que ha recibido numerosos premios y es malagueño, Antonio Jiménez Millán (que, por cierto, fue mi profesor):


FÁBRICA ABANDONADA

                  I

Como una nube estraña
o un reguero de humo
se graba en la memoria su figura.

Muros disueltos,
engranajes y cables oxidados,
el viento entre ventanas al vacío:
ya es sombra sobre sombra,
lugar de mirada
inmóvil, sin reflejos.
                            Nadie pasa.
Así se impone el tiempo,
                            así el azar
nos devuelve una lámina olvidada
en un libro de historia natural,
y es la sorpresa de reconocer
ese lento desguace inadvertido
que siempre nos acecha, que nos deja
inermes, vagamente amenazados
por los años y el uso.

                  II

   Vidrios sucios, enigmas.
   Alguna vez
hubo un eco de voces en las naves,
horarios fijos,
usuras acordadas. Su imagen restituye
otra forma de ausencia:
no sólo el perfil de un paisaje dividido
sino el presente en fuga,
un hálito de ruina sobre objetos cercanos
y emblemas que desaparecen.
                                     Les alcanzan
los signos exteriores de un invierno
que no respeta límites ni nombres,
que dura más allá de su extinción
aparente.
Hay en las galerías
un ruido imperceptible de hojas secas.

                  De Casa invadida, 1995


O de Luis Alberto de Cuenca      


           El desayuno


Me gustas cuando dices tonterías, 
cuando metes la pata, cuando mientes, 
cuando te vas de compras con tu madre 
y llego tarde al cine por tu culpa. 
Me gustas más cuando es mi cumpleaños 
y me cubres de besos y de tartas, 
o cuando eres feliz y se te nota, 
o cuando eres genial con una frase 
que lo resume todo, o cuando ríes 
(tu risa es una ducha en el infierno), 
o cuando me perdonas un olvido. 
Pero aún me gustas más, tanto que casi 
no puedo resistir lo que me gustas, 
cuando, llena de vida, te despiertas 
y lo primero que haces es decirme: 
«Tengo un hambre feroz esta mañana. 
Voy a empezar contigo el desayuno».


O García Montero, o Valente, o Blan de Otero, o cualquiera de los nombres conocidos o desconocidos de poetas.

No pasa nada.

Podéis hacerlo muy bien, pero, por favor, revisad bien el tema de la lírica, que os ayudará a localizar la obra en el tiempo y poder relacionar su contenido con la época a la que pertenece.
Todo el mundo estará igual, no hay desventaja. Calma. Y haced el comentario del contenido como el de cualquier obra que hemos trabajado.

Si ocurriera con la prosa, igual. Bien estudiados los autores y las obras para poder localizar bien y encontrar el sentido correcto de la obra.

Y si no localizamos la obra, confianza en vuestra capacidad para analizar un texto, sea el texto que sea. Sin jugarse lo que no se sabe, sin probar. Comentando lo que tenemos delante con vuestro propio estilo de comentario, ese que me gusta.

No se puede uno centrar solo en una idea. No sabemos lo que tendremos delante. No importa. Pero no es bueno llegar y decepcionarse, o pensar que eso no era lo que esperábamos. La preparación mental es importante: lo que esté allí delante es lo que tenemos que comentar, y puede ser cualquier texto. Lo haremos lo mejor posible, sin precipitarnos, eligiendo bien y con confianza.



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