miércoles, 15 de febrero de 2012

Juan Carlos Mestre (cómo no). Y el concepto de belleza de Antonio Gamoneda.


Hoy hemos escuchado palabras que nos han acercado a uno de los conceptos más inasequibles, a una de las palabras más enigmáticas, más sagradas:  belleza,  palabra deseada y deseante, una palabra "que enciende con su beso las bombillas de los barcos", como ha dicho JCMestre.

Todo empezó con las palabras pausadas, hondas, de Antonio Gamoneda. Sencillo e íntimo, tímido como un niño, creador de una poética en una línea:
                           "LA BELLEZA NO ES LUGAR PARA COBARDES",
poeta que escribe  esta maravilla que citó su compañero:


Un Ángel Gótico

Inmóvil, claramente
inhumano en la
pura catedral
vive un ángel.
Un ángel no tiene ojos.
Un ángel no tiene sangre.
Él no vive en la vida, él no vive
en la muerte, él está
vivo en la belleza.

Antonio Gamoneda                                           
Para los que nos ha sabido a poco el encuentro con los poetas Antonio Gamoneda y Juan Carlos Mestre (ya sabéis que a mí sí:), un video en el que continúa el recital. Disfrutad a  Juan Carlos Mestre recitando (video II).
Otras páginas donde ver su arte (¡qué arte tiene...! ;)       
http://juancarlosmestre.com/
http://www.juancarlosmestre.com/poesia.html
http://galeriaacanto.com/artistas/juan-carlos-mestre/

Todo un portento de imaginación, creatividad y ensueño este poema que nos ha gustado tanto oírle:

"Cavalo morto", de Juan Carlos Mestre (España, 1957)

                                           
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
Un poema de Lèdo Ivo es una luciérnaga que busca una moneda perdida. Cada moneda perdida es una golondrina de espaldas posada sobre la luz de un pararrayos. Dentro de un pararrayos hay un bullicio de abejas prehistóricas alrededor de una sandía. En Cavalo Morto las sandías son mujeres semidormidas que tienen en medio del corazón el ruido de un manojo de llaves.
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
Lèdo Ivo es un hombre viejo que vive en Brasil y sale en las antologías con cara de loco. En Cavalo Morto los locos tienen alas de mosca y vuelven a guardar en su caja las cerillas quemadas como si fuesen palabras rozadas por el resplandor de otro mundo. Otro mundo es el fondo de un vaso, un lugar donde lo recto tiene forma de herradura y hay una sola tarde forrada con tela de gabardina.
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
Un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo es un río que madruga para ir a fabricar el agua de las lágrimas, pequeñas mentiras de lluvia heridas por una púa de acacia. En Cavalo Morto los aviones atan con cintas de vapor el cielo como si las nubes fuesen un regalo de Navidad y los felices y los infelices suben directamente a los hipódromos eternos por la escalerilla del anillador de gaviotas.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
Un poema de Lèdo Ivo es el amante de un reloj de sol que abandona de puntillas los hostales de la mañana siguiente. La mañana siguiente es lo que iban a decirse aquellos que nunca llegaron a encontrarse, los que aún así se amaron y salen del brazo con la brisa del anochecer a celebrar el cumpleaños de los árboles y escriben partituras con el timbre de las bicicletas.
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
Lèdo Ivo es una escuela llena de pinzones y un timonel que canta en el platillo de leche. Lèdo Ivo es un enfermero que venda las olas y enciende con su beso las bombillas de los barcos. En Cavalo Morto todas las cosas perfectas pertenecen a otro, como pertenece la tuerca de las estrellas marinas al saqueador de las cabezas sonámbulas y el cartero de las rosas del domingo a la coronita de luz de las empleadas domésticas.
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
En Cavalo Morto cuando muere un caballo se llama a Lèdo Ivo para que lo resucite, cuando muere un evangelista se llama a Lèdo Ivo para que lo resucite, cuando muere Lèdo Ivo llaman al sastre de las mariposas para que lo resucite. Háganme caso, los recuerdos hermosos son fugaces como las ardillas, cada amor que termina es un cementerio de abrazos y Cavalo Morto es un lugar que no existe.

Juan Carlos Mestre en La casa roja (Calambur Editorial, Madrid, 2008), incluido enUna lectura (Círculo de Bellas Artes, Madrid, 2007).
   
                                             

Además, ha sido un placer escuchar estas palabras en vuestra compañía. He sentido orgullo por vuestro respeto, emoción por vuestra emoción. Gracias.

1 comentario:

  1. gran mañana la que nos han hecho pasar dos grandes poetas,espero que haya mas encuentros con grandes poetas como ellos que nada mas con escucharles te abren el corazon.
    un saludo

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